No es la socialdemocracia lo que cae

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Son los partidos socialdemócratas de Europa los que decaen. Es una gran diferencia. Si caen, no es porque las ideas que se supone que defienden (o más bien, defendían) estén perdiendo popularidad, sino precisamente lo contrario. Es en estos momentos de crisis, cuando más las necesitamos y más las demandamos, los partidos socialdemocratas las han dejado de defender a cambio de defender su propia permanencia en el poder. 


Los partidos viejos han caído en el clientelismo y en la estrategia política por encima de la ideología, de la honestidad y de las consecuencias de defender una serie de ideas. Los tradicionales partidos socialdemócratas se han entregado a la “política de barómetro”: mirar las encuestas de opinión y apuntarse (de boquilla) a la opinión mayoritaria, esperando así obtener mayorías para mantenerse en el poder.
 
Pero a la larga, uno no puede defender nada en lo que en realidad no crea. De nada sirve que se te llene la boca con cuan de izquierdas eres, y cuanto defiendes el estado del bienestar, y que de la noche a la mañana seas cómplice de dejar escrito en la Constitución que primero se pagan las deudas y después el bienestar de la gente.
 
De nada sirve dárselas de izquierdas y defender la banca pública, y cuando llega el momento de dirigir una de ellas votar igual que los liberales que lo único que quieren es el beneficio por encima de todo, incluidos los ahorros de la gente.
 
De nada sirve defender la igualdad y unidad de todos los ciudadanos, y ponerse de lado cuando algo o alguien pretender romper esa unidad.
 
El problema de los partidos viejos, y entre ellos los socialdemócratas, son las redes clientelares que les sostienen y a la vez les atrapan. Les atrapan en contradicciones indefendibles, teniendo que decir a la vez una cosa y la contraria según quien pregunte o donde haya que decirlo, para encima acabar haciendo lo que mandan los de arriba.


Y la larga la gente, que no es tonta, se da cuenta de ello y lo único que les transmite es desconfianza e hipocresía. Por eso, una gran mayoría ha dejado de votarles.
 
Si los partidos socialdemócratas debían morir por lo menos podrían haberlo hecho con las botas puestas. Defendiendo sus ideas. Defendiendo el estado del bienestar, el reparto de la riqueza y la igualdad de oportunidades, y enfrentándose al verdadero poder que pretende acabar con todo eso. A lo mejor, y solo a lo mejor, habría sido precisamente eso lo que les hubiera salvado. Lo hemos visto en Grecia, lo hemos visto después en Francia, y aún queda por ver si lo veremos en España.
 
Hay dos preguntas claves para saber qué le pasará al PSOE:

1) ¿Será capaz deshacer la maraña clientelar del partido? Ese grupo de gente que vive del partido y del poder, y que piensa en su nómina por encima de sus ideas. Esa gente que con sus actos echa por tierra lo que se supone que defiende con palabras su partido.
 
2) ¿Empezará a defender, de verdad, unas propuestas de izquierdas, aunque eso implique el enfrentarse con el poder? ¿O seguirá bailándole el agua al IBEX 35?
 
En realidad, si conseguimos ver el bosque en vez de los árboles, la supervivencia o no del PSOE importa poco frente a lo verdaderamente importante: la supervivencia de la idea de una sociedad que cuida de sus ciudadanos, que provee de lo básico para que cada uno de ellos sea verdaderamente libre para hacer con su vida lo que más le realice, y que además gracias a ello, la misma sociedad en su conjunto salga beneficiada.

 

Los partidos son sólo instrumentos para llevar a cabo ideas políticas. Si el partido se convierte en el objetivo en sí mismo, ya no sirve, y es necesario cambiarlo de arriba abajo. Y si no se puede, habrá que empezar de cero.

 

Enrique Sanjurjo
Secretario de Organizacion de En Positivo +


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