Improvisaciones energéticas

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La semana pasada inesperadamente el Gobierno convocó un nuevo concurso para conceder licencias en la producción de energías variables. Este hecho se hace para poder cumplir la promesa del Ejecutivo que recordemos es conseguir que en el año 2020 el 20% de la producción de energía en España proceda de fuentes limpias. Otra improvisación, prueba fehaciente de la errática política energética que vive nuestro país desde hace muchos años o puede que desde siempre.


Sufrimos una carencia de planificación que hace que los españoles soportemos unas costas energéticas de las más altas de Europa. Pongamos algunos ejemplos, el precio de la luz ha subido en España un 63% desde 2007 mientras que en la UE lo ha hecho un 31%. En ese mismo intervalo, el gas ha subido un 47'5% mientras que, por ejemplo, en Alemania lo ha hecho un 4'7%.


Nuestro sistema energético es caro e inexplicable desde el pragmatismo. La potencia instalada supera los 100.000 megavatios mientras que el país no llega a necesitar ni 50.000. Resulta muy caro que la oferta de energía duplique a la demanda porque son infraestructuras que hay que mantener aunque no estén operativas. Hay sinsentidos como que tengamos centrales de ciclo combinado paradas o que mientras nos encaminamos hacia la producción de energía verde sigamos subvencionando el carbón. 


Es cierto que el sistema eléctrico es fundamental para el crecimiento de cualquier país y esa es una de las razones por las que hay que actuar con cabeza. Las decisiones en el campo energético exigen años de maduración, por eso hay que evitar vaivenes políticos que vacían el bolsillo de los ciudadanos. Como en otros ámbitos, también en el energético, sería necesario que las diferentes formaciones políticas se pusieran de acuerdo en las lineas maestras a seguir en los próximos años. No hacerlo supondría que el ciudadano medio siguiese sufriendo las consecuencias de la improvisación constante. 

 

David Enguita

 

Delegado en Barcelona de En Positivo +


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