El problema más grave

artículo publicado el 13/06/2017 en La Republica
http://www.republica.com/el-replicante/2017/06/13/el-problema-mas-grave/

(4 min)

 

Hace ya años, en 1980, cuando yo ya estaba “en política”, tuve una conversación con un amigo que no estaba “en política” (y por ello se sobreentiende menos experto que yo en la cosa) sobre los partidos nacionalistas. Mi opinión era que con un sistema autonómico este siempre complejo tema se podía encauzar, incluso solucionar. La respuesta de mi amigo fue “No te engañes Luis. Siempre pedirán más porque su objetivo final es la independencia”. Hoy tengo que darle la razón. Lamentablemente. Hoy son los partidos nacionalistas catalanes. Mañana, no sé cuándo, pero habrá ese mañana, serán los vascos. No quiero pensar en un pasado mañana…

 

Sin duda, el problema más grave que encaramos todos los españoles, sepámoslo o no, admitámoslo o no, es lo que podemos etiquetar como “problema catalán”. Problema que se inicia a fines del XIX, “acallado” entre comillas por la dictadura franquista con consecuencias que todavía perduran y que resurge con especial fuerza en estos últimos años cuando la profunda crisis económica y social refuerza las contradicciones. Lo de la “conllevanza” predicada por Ortega e intentada en la II República y reavivada y ampliada con el actual Estado de las Autonomías para estar ya abandonada en el basurero de la Historia. O eso es lo que pretenden los independentistas catalanes y sus compañeros de viaje curiosamente de las filas de la izquierda que abandonan con el más burdo oportunismo una de sus señas de identidad buscando beneficios.

 

Sin duda que los problemas son hoy más agudos y acuciantes pero las causas vienen de atrás. Hoy cristalizan dramáticamente porque a lo largo de los años transcurridos desde la famosa Transición (con mayúscula) la construcción autonómica, idea válida, necesaria y elogiable, en la práctica, en muchos aspectos, se convirtió en su contrario. Por muchos factores, que una vez transcurrida esa etapa hoy son mucho más fáciles de detectar (después de las batallas, todos somos generales). En el caso catalán, el error más clamoroso fue lo relativo a la lengua y su correlato la enseñanza que ha permitido el creciente lavado de cerebro (digamos las cosas como son) de generaciones de escolares durante todos estos años. Los resultados se ven ahora. El odio a España, ese odio “al otro” que alimenta todo nacionalismo. Los nacionalistas, los primeros y los conversos, han jugado en terreno propio y cuesta abajo, ayudados además, al menos hasta fecha muy reciente, por un PSOE que tras purgar a su federación (la de Triginer) en Cataluña, entronizó a los Maragall, Obiols, Reventós y demás “gente bien” de Barcelona, nacionalistas camuflados que al final salieron del armario. Había que hacer méritos para no ser acusados de “centralistas”, léase de  “franquistas”. Como también  debían hacer méritos nacionalistas los grandes empresarios que por propia conveniencia mantuvieron y mantienen, salvo alguna excepción, una actitud silente. O, como mucho, “equidistante” cuando en este tema, frente a unos termocéfalos que quebrantan crecientemente la legalidad constitucional, no cabe esa equidistancia. ¿Qué quiere decir ese mantra que repiten esos y otros grupos de que “hay que negociar y buscar una solución política” cuando está claro que hay una parte que no quiere negociar sino imponer su voluntad uno, haciendo trampas y mintiendo y dos, discriminando a una enorme cantidad de habitantes en Cataluña, seguramente mayoría, que no están de acuerdo con los “indepes” y sus métodos? ¿Alguien puede pensar seriamente en un referéndum medianamente democrático viendo el dominio abrumador, oligopólico por parte de los medios nacionalistas con TV3 en cabeza emitiendo un sucedáneo de NODO franquista todos los días?

 

Lo que los nacionalistas persiguen es aumentar la estrategia de la tensión con el objetivo final de llevar el conflicto a las calles buscando un salto cualitativo en ese conflicto. No es fácil, hay que reconocerlo, la estrategia del gobierno. Lo primero es articular un frente sólido con los partidos opuestos a este disparate. Lo segundo, igualmente importante, es aumentar la fuerza de esa oposición con la sociedad civil.

 

”Para que triunfe el mal, solo es necesario que los buenos no hagan nada” (Edmund Burke). Así ha pasado muchas veces en la historia. Sigue vigente.

 

Luis de Velasco


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