El piso de Ramón, munición para el neoliberalismo

Enrique Sanjurjo

 

Resulta que Ramón Espinar, dirigente de Podemos, se mete en 2007 en una cooperativa de compra de vivienda.

En 2010 cuando la vivienda se termina de construir, como cooperativista tiene dos opciones:


A- Formalizar la compra, con la firma de la escritura y los pagos que correspondan, y en este caso la subrogación de una hipoteca


B- Retirarse de la cooperativa y recibir las aportaciones que ha hecho hasta el momento, cediendo su puesto a otro cooperativista.


Ramón Espinar elige la opción A, para meses después (hay medios que dicen “al día siguiente”) vender al precio máximo permitido por las condiciones de protección de la vivienda, y embolsarse así 19.000€ netos.

Aquí empieza el fango proveniente de ambos lados: Que si la compra es de 2007 y no de 2010, que si era VPP y no VPO, que sí de dónde ha sacado el dinero, que si se enteró de la promoción porque su padre era amigo del alcalde responsable de la cesión de suelo… etc etc...

Yo solo voy a portar dos datos, y que cada uno saque sus propias conclusiones:


1. La vivienda se escritura (es decir, se compra) en 2010.

Admitido por el propio Espinar (link)


2. La cooperativa permite retirarse antes de comprar y recuperar el dinero invertido.
Mencionado en la propia página de la cooperativa,Vitra (link)

Mencionado explícitamente por el presidente de la cooperativa, Francisco Naranjo en “Espejo Publico” (3 Octubre 2016) (link)

Mencionado por "El Español" en este artículo, parafraseando el contrato redactado por Vitra Comunidad de Madrid para este tipo de promociones (link)

 

En todo esto existen muchos problemas: la hipocresía del susodicho, el poder de influencia de medios mayoritarios en procesos democráticos, el borreguismo y falta de autocrítica de algunos y un largo etc.

 

Pero de todos ellos, no he oído en toda esta tormenta el que más me preocupa y el que creo que ha hecho más daño a las ideas que defiendo: la necesidad de lo público, lo fundamental del reparto de la riqueza para la efectiva creación de la igualdad de oportunidades,

Lo verdaderamente importante de todo esto, es que con esta operación (hipócrita y falta de toda ética o coherencia), Ramón Espinar dinamita los argumentos de quienes defendemos la función pública.

 

Quienes quieren desmontar el estado del bienestar, se frotan las manos con casos como el de Espinar, y alegan, no sin razón, que las injerencias públicas en sectores privados no son más que abono para los dedazos, las corruptelas, las apropiaciones de fondos publicos, las especulaciones y los abusos de poder. En definitiva, abono para el capitalismo de amiguetes. ¿Que hay más capitalista y amiguista que ganar 19.000€ comprando un inmueble, promovido por el alcalde amigo de tu padre y vendiendolo meses después?

Los libertarios alegan que si el estado se reduce al mínimo, se evitarán casos como el de Espinar y tantos otros. Y lo peor es que, razones tienen.


Lo que convenientemente olvidan mencionar es el evidente abuso de poder y concentración de riqueza que una sociedad ultraliberal irremediablemente desencadena. Y una sociedad desigual, en que la que los poderosos se perpetúan por el simple hecho de serlo, tiene su desmoronamiento como inevitable destino final.

 

Me niego a aceptar, como hacen los libertarios, que no es posible un sistema público transparente, eficiente y justo. Un sistema público que ayude a quienes lo necesitan. Que reparta la riqueza. Que gestione el aporte de los que más pueden aportar, y la necesidad de los que más pueden necesitan. Que promueva vivienda accesible. Educación accesible. Sanidad accesible... Todo ello para, simple y llanamente, que todos tengamos las mismas oportunidades solo en base a nuestra capacidad y esfuerzo. No en base a de quien somos hijos o quienes son nuestros amigos.

 

Así que Ramón Espinar no solo es un hipócrita. Es un colaborador inconsciente de aquellos que quieren destruir lo que él dice defender: la función pública de ayudas a la vivienda, a la salud, a la educación, y otros tantos, necesarios para una sociedad mejor.


Fuente y comentarios: "Viaje al caos de mi cabeza" (link)


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