Cuatro preguntas sobre la "plurinacionalidad"

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Se ha vuelto habitual entre ciertos sectores de la izquierda reivindicar el carácter “plurinacional” del Estado Español. Hasta ahora no me había molestado en escribir sobre el tema porque siempre me ha sido bastante indiferente lo que propusiese Podemos, pero dado que el equipo de Pedro Sánchez, que tiene bastantes posibilidades de liderar el PSOE, ha hecho suya esta reivindicación, me gustaría compartir un par de reflexiones sobre las complicaciones que pueden surgir a la hora de reconocer dicho carácter “plurinacional”.


Antes de nada una aclaración: naciones hay de dos tipos, políticas (que por definición son un “sujeto de soberanía”) y culturales. Tanto Pedro Sánchez como su equipo han aclarado que este reconocimiento del carácter “plurinacional” de España no equivaldría a permitir referéndums independentistas, permaneciendo intacta la soberanía nacional, por lo que deduzco que su objetivo es integrar a diversas naciones culturales (Cataluña, Euskadi, Galicia…) dentro de una única nación política (España). Entonces habría que precisar qué significa exactamente una nación “cultural”. La definición más comúnmente aceptada es la siguiente:


Comunidad humana con ciertas características culturales comunes, a las que se le dota de un sentido étnico-político”.


A partir de esta definición, quiero plantear las siguientes preguntas:

 

¿En qué se diferencia exactamente este término del de “nacionalidades históricas” recogido en la Constitución Española de 1978?

A mí, y perdónenme si parezco algo frívolo, me parecen básicamente sinónimos.

 

¿Cuántas “naciones culturales” tiene exactamente España?

Como probablemente el lector haya notado, esta definición es peligrosamente amplia. La respuesta más común es relacionar “lengua” con “nación” y establecer que España es una “nación de naciones” que incluye la nación castellana, la nación catalana, la nación vasca y la nación gallega. En ese caso, yo me comprometo a dar 50 euros de mi bolsillo al primero que se atreva a ir a Canarias y explicarles que ellos, a pesar de tener claramente una cultura propia e incluso estar separados geográficamente de España, no son una nación y los catalanes y gallegos sí. ¿Y quién es capaz de negar que los andaluces, los valencianos o los asturianos tienen “características culturales comunes”? ¿Y Ceuta y Melilla? La lista es larga.

 

¿Puede una “nación” ocupar más de una CCAA?

Si asumimos la explicación de que lengua equivale a nación, nos veremos con la paradoja de que casi todas las “naciones” de España ocuparían más de una autonomía. En ese caso, ¿consideramos a Cantabria, Andalucía y Extremadura parte de la “nación” castellana? ¿Compramos la histórica reivindicación abertzale de “Euskal Herria” cuando según la última encuesta el 74,1% de los navarros están en contra? Y ya de paso: ¿Compramos el cuento de los “Països Catalans”? ¿O reconocemos a Valencia y Baleares como una nación propia sin nada que ver con la catalana?

 

¿Puede una CCAA albergar más de una “nación”?

Dándole la vuelta al argumento anterior, en Cataluña por mucho que nos quieran hacer creer que somos “un sol poble”, las “características culturales comunes” no son las mismas en Solsona que en Santa Coloma de Gramanet, por poner un ejemplo. Por no hablar del Valle de Arán, que indudablemente cuenta con unas “características culturales comunes” (entre otras, lingüísticas) que lo diferencian claramente del resto de Cataluña. ¿Es entonces Cataluña por esa regla de tres “plurinacional”?

 

 

En resumen, todo el tema de la “plurinacionalidad” no sólo no significaría ningún cambio real en la estructura territorial del Estado, sino que plantea una infinidad de preguntas para las que nadie parece tener respuesta. Respeto mucho a Pedro Sánchez, hasta el punto de que el 26-J le di mi confianza, pero el problema territorial de España precisa de soluciones reales, y no de eslóganes fáciles pero vacíos.

Ernesto Lopez Vallet


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