Cataluña ¿vientos de cambio?

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Cataluña es la piedra en el zapato de todos los partidos nacionales. Es el nudo gordiano en el que todos se enfrascan, porque de momento, el viento en Cataluña sopla diferente que en el resto de España. 

 

Aquí, a dia de hoy, no se puede estar en contra de la independencia. Si lo estás, eres automáticamente un facha opresor que niega la democracia más elemental.

Fuera, eso de querer un referéndum para votar que no, queda muy demócrata y progre, y aunque ciertamente extraño, nadie hace muchas preguntas y sigue la corriente.  Esa absurda neolengua de “estar a favor de estar en contra”. 

Pero cuando rascamos y miramos de verdad, es precisamente eso lo que ha hecho a Podemos ser la primera fuerza en Cataluña, pero a la vez perder un millón de votos fuera. Es precisamente eso lo que a hecho desgajarse al PSC del PSOE, y al PSC de sí mismo. Es precisamente eso con lo que tontea Ciudadanos cuando habla de “un encaje especial para Cataluña”, quien sabe si previo acuerdo cerveza en mano en un oscuro pub cerrado al público…
    
Pero ahora, aunque sea poco a poco, se escucha cada vez más lo que para nosotros es lógico y hemos defendido siempre: no se puede ser de izquierdas y nacionalista.

 

Hace ya tiempo Sandra Sabatés en la Sexta, aunque de forma tímida, planteaba la evidencia a Antonio Baños en una entrevista: “¿como se puede ser de izquierdas y abogar por la independencia?”

 

Hace ya menos, Cristina Pardo ponía contra las cuerdas a Ana Gabriel con otro argumento evidente, pero obviado por la “izquierda” nacionalista: sin ley no hay democracia.

 

Parece que progresivamente se empieza a caer el velo del “independentismo de izquierdas”. Esa flauta mágica de Hamelin de la que pocos han escapado en el pasado, pero de la que parece que cada vez más escaparán en el futuro.
    
Los que habéis aguantado el temporal en Cataluña resistiendo a caer en la izquierda cómplice del nacionalismo, el verdadero núcleo duro, sois hoy pocos. Os conocéis. Os habéis encontrado muchas veces. Habéis aguantado juntos, y a veces no tan juntos. Tenéis un pasado. A veces para recordar… y otras veces para olvidar. Pero parece que ha llegado el momento propicio de ser más. De mirar al futuro.

 

Hoy el viento catalán, esa tormenta que habéis aguantado estoicamente, parece que empieza a cambiar de dirección.

 

Uno no puede elegir hacia donde sopla el viento, pero sí puede orientar las velas de su barco. Si la izquierda que rechaza de pleno el nacionalismo (la coherente), tiene algún sitio a donde ir, a ese sitio solo se llega sumando. Olvidando lo malo y recordando lo bueno. Con la ilusión de crear un futuro alentador, que en el fondo, es de lo va todo esto de hacer política

 

Enrique Sanjurjo


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