25 años con AVE: Reflexionemos

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El pasado 14 de abril se cumplieron 25 años del trayecto Madrid-Sevilla en alta velocidad. Un hito que supuso poder recorrer esa distancia en la mitad de tiempo de lo que se hacía hasta ese momento. El AVE fue visto unánimemente como un salto de modernidad que reforzaba la imagen exterior de España, en un momento en el que éramos el centro de la atención mundial con la Expo de Sevilla y los Juegos de Barcelona. Si nos trasladamos a esa época debemos recordar que Renfe era el centro de innumerables chistes debido a su impuntualidad y desastroso servicio en general.

 

Es decir gracias al AVE mejoró, y mucho, la imagen de nuestro transporte ferroviario. Lo malo es que se ha logrado con un coste elevadísimo. La inversión pública es de más de 51.000 millones de euros, sin olvidar las sombras de corrupción que ha levantado las dudas sobre su rentabilidad social y económica. Los partidos políticos no se ponen de acuerdo en casi nada pero sí en el AVE, en estos 25 años, todos los gobiernos lo han impulsado. Ni siquiera la crisis ha frenado la inversión. Por eso el AVE ya está presente en 27 provincias y alcanza los 3.240 kilómetros, siendo la segunda nación del mundo con más extensión, únicamente por detrás de China.

 

El éxito en usuarios es notable. En 2016 fueron 20,3 millones los viajeros, un 87% más que en 2010. Aunque aún está lejos de convertirse en una infraestructura rentable. Por eso debemos reflexionar. Debemos aprovechar las excelentes cualidades de la red actual. Lo que no resulta razonable es querer llevar el AVE a todas las capitales de provincia, ni anteponer inversiones tan costosas en detrimento del tren convencional, clave para el desarrollo rural. El agujero económico que ha creado el AVE nos debe hacer revisar la planificación en materia ferroviaria buscando la eficiencia y la sostenibilidad de una infraestructura que debe ser símbolo del progreso y la modernidad de nuestra nación, España. 

 

Toni Gárcia-Pérez


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